Vida•pixelada

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Cuando nos damos cuenta de cuantos engranajes hay en nuestra vida, que lo grande esta tan conectado con lo microscópico como el hidrógeno y el oxigeno en el agua.

Que a veces existimos y luego pensamos.

Cuando nos miramos con respeto, con calma y amabilidad.

Cuando aceptamos nuestra singularidad, no nos comparamos y decimos “es que yo soy diferente” como salvedad para que los demás nos perdonen o nos amen… como si nuestro universo dependiera de lo externo.

Cuando abrimos los ojos y observamos bien que hay detrás de la imagen que pintan los demás o que hemos asumido que pintan, cuando escuchamos su verdad, sin señalar, sin apresurarnos a sentenciar. ¿Que no podemos observar sin juzgar? Es cierto, porque está en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos la diferencia entre el origen innato del prejuicio, los juicios y lo diferenciamos del prejuicio sistémico.

Cuando vemos el mundo por temas y decidimos de que lado de la esfera estar.

Cuando paramos un momento, analizamos, meditamos, discurrimos y aprendemos.

Cuando nos extraemos voluntariamente de nuestro contexto e intentamos vernos desde afuera.

Al comprender que una cosa es lo que otros quieren que seamos y otra es la que sentimos, sabemos porque lo estudiamos y VAMOS a ser.

Cuando analizando lo pequeño y sacamos cuentas exponenciales de como “eso” ha podido influenciar nuestra historia.

Cuando vemos lo grande y reflexionamos en restrospectiva para llegar a la raíz de los asuntos.

Cuando tomamos un tema y nos damos permiso de ser puntuales: A+B+C=X o profundos. Todo para atinadamente despejar la X tomando en consideración lo que hay detrás de cada elemento (raíces cuadradas, integrales, números irreales).

Cuando nos damos cuenta de que aunque si hay un ellos y un nosotros, el cambiar el discurso nos libera de horrible sentimientos y acciones de discriminación, racismo, clasismo, pobreza mental…

Que los demás pueden pensar, decir y hacer lo que quieran y nosotros somos los que decidimos no tomarlo personal. Cuando entendemos que todo lo que sale de cada uno de nosotros es un reflejo de nuestro pasado, nuestro presente y nuestros deseos de futuro. Cuando entendemos que LOS HUMANOS a todo nivel queremos algo y empleamos el lenguaje y las acciones para lograrlo: Los politicos, las organizaciones, las empresas, los vendedores, los predicadores, los padres, los hijos.

Que los siempres y nuncas, los todos y nadas son más bien deterministas para nuestra naturaleza humana, en la cual la subjetividad funge de medidor.

Que conformamos parte de una gran foto viviente, que cuando se va acercando nos muestra como individuos y de allí nos lleva hasta los principios básicos de nuestra vida: tenemos corazón, sí, también estamos conformados por células y a su vez compartimos elementos químicos y microorganismos de la tierra que nos ha visto crecer. Que nuestras neuronas se conocen sus caminos, que aun podemos aprovechar su elasticidad. Que el cambio es inexorable ya que cada 7-10 años todas nuestras células se renuevan, que nuestro corazón tiene muchos compartimientos, que nuestro cuerpo es una cascara que esconde un ser maravilloso, que somos parte de una gran familia y que aquí en esta foto si nos sentimos en paz nos convertimos en personas altamente contagiosas capaces de aportar al bienestar de nuestro ecosistema social.

Esto es vida pixelada.